jueves, 14 de febrero de 2008

Honorables

por Miguel Angel Avilés



“No, amigo, no estoy barriendo la calle, estoy
acariciando un pedazo de piel de mi Patria”
Víctor Cordero
Compositor mexicano

Yo no dudo de la honorabilidad de los políticos. Ninguna prueba o elemento alguno tengo para imputarle un hecho que merezca una investigación sobre su conducta. Bueno, hasta ahorita. Así es que si abriera la boca de más sólo para tupirle a un servidor público o una adversario partidista con el único afán de cargar a los medios tras de mi en busca de la nota, pues la verdad, la verdad no me resulta muy atractivo.
Pero lo que piense este columnista me temo que es una de la mil y tantas cosas que le importan muy poquito a los que si están dispuestos a posicionarse en los medios a como de lugar. Vaya el símil con el pugilismo, algunos prefieren el boxeo estilista, elegante digamos como lo hiciese en antaño el maestro Miguel Canto o en épocas mas recientes Ricardo “El Finito” López. Estos son cautos, estudiosos: sustentan, fundan cualquier declaración sobre lo que tenga que decir sobre un personaje o sobre una institución.
Pero otros prefieren fajarse desde el primer raund, como Rodolfo “El Gato” González” o el “Toluca” López, o el “Macetón” Cabrera o Daniel Zaragoza y se van a la cargada, engrandecidos por ensueños alentados desde su ego ramplón (la de estos políticos no las de los legendarios boxeadores) y por consiguiente quedan bañados en tinta y peor aún, terminan por bajar del ring con la derrota a cuestas o, a lo mucho, con una victoria pírrica.
Si uno ve el escenario político, y observa la rivalidades sutiles o bruscas al interior de un partido o de uno hacia otro partido casi pudiéremos asegurar que de esos púgiles de fina estampa , de zarpazo elegante y certero, quedan muy pocos o andan en recónditos lugares de la vida pública que se pierden en un bajo perfil y sus espacios los acaparan oportunistamente los envestidos de una honorabilidad cuyo actuar es tan auténtico tan grandilocuente que para el común de los mortales se vuelven verosímiles, o sea, no cierto, si no creíbles y es aquí donde está la trampa.
Sí, la trampa: el engaño, el tipo, la estafa, el fraude, el dolo, la fullería, la habilidad, puñalada trapera, el embeleco. Todo esto en suma es el oropel que la mayoría de los políticos actuales, aprovechándose de los vacíos que deja esa gente honesta que prefieren dedicarse día con día a otra tareas mas productivas y usan la envoltura salerosa para que veamos la cáscara y no el palo y así nos cadenciemos al tono del flautín y los sigamos en sus propósitos mezquinos y cicateros, si de los sus respectivos partidos políticos pero sobre todo de los intereses personales o de grupos que hay, llámenle sectas, tribus, camarillas, cuadrillas o salteadores de caminos en cada uno de estos institutos que en su retórica aspiran y se desviven en el universo de las bondades de la democracia, pero que en los hechos, en cada uno de ellos y en cada subgrupo o gobierno interior del respectivo partido de lo que inconteniblemente se han ido creando, impera la verticalidad de decisiones y la sumisión vergonzosa a las jerarquías que al fin de cuentan regentean cada una de las catervas que se amparan con la adarga de unas siglas.
Pero, repito: no dudo de la honorabilidad de los políticos. Ninguna prueba o elemento alguno tengo para imputarle un hecho que merezca una investigación sobre su conducta. Seria una insensatez, una ingratitud mejor dicho, de mi parte estar aquí desde el cómodo reclinar de este Diván, desalentando a los feligreses que aun están dispuestos a creer en la indulgencia revolucionaria que los tres principales partidos abonan a diario para que país derroche la fortuna y la riqueza que por lo pronto están en mano y para exclusivo beneficio de estos...

lunes, 11 de febrero de 2008

Visita conyugal

por Miguel Angel Avilés


Elsa baja del camión entre pisadas, mal olor y apretujones. Lo hace por atrás; la lámina retorcida y vieja se abre chillando y ella desengancha su floreada y amplia falda que prendía del alambre de la puerta. Dos bolsas de mandado en una mano y una cartera de huevos en la otra la obligan a apearse de ladito. Sale del ruletero despeinada. Una cristalina línea de sudor baja del pegajoso cuello hasta el medio de sus senos.

Humberto deposita el hueso del último aguacate en la bolsa de la basura. Lo come apresurado con la carne machaca y las tortillas, se toma una Coca Cola de bote y eructa. Levanta el plato y lo lava. Agarra la toalla, se desviste, recorre la cortina de la bañera y se escucha el agua cuando cae sobre su cuerpo; Está tan fría que lo hace gritar. Sale secándose el cabello. El espacio huele a Vanart.

Elsa camina de prisa. Descuidada, mete su pie en un charco. El guardia la saluda y comentan entre penas y risas el percance. Llega a la puerta; ahí en la cola, se encuentra a la Matilde. Platican. El vigilante les pide sus nombres, las busca en la lista, no las encuentra. Toma el interfón y habla a la sala de guardia. Revisa de nuevo la hoja, tacha otros nombre y corrige; las deja pasar. Las señoras, contentas, siguen su marcha. Los demás vigilantes, sentados con el arma en las piernas, disfrutan viendo el amplio trasero de Matilde. Las otras mujeres esperan su turno.

Humberto abre el velis y saca la pasta dental, la unta al cepillo y lava sus dientes. Enjuaga su boca y ve que su encía sangra. Repite la acción y deja el vaso embarrado de pasta en la mesa. Se hinca en el piso y busca sus botas vaqueras bajo su cama, les quita el polvo con una calceta. Le aprietan pero aún así se las pone. Peina su escaso cabello y tiende la toalla en la cama. Desabrocha el segundo botón de su camisa. Roba la Stefano a un compañero de celda y rocía un poco en su pecho.

Elsa está en la revisión. En el pequeño camellón cercano a la entrada todas se forman desordenadamente y platican, batallan con sus bolsas de mandado, ríen, sudan, güichean, intercambian miradas a su ropa.

Humberto brinca y alcanza la cuilta que está en la última cama de cemento, la enrolla y con una cuerda la amarra, dejándole una agarradera. Le sacude las aspas al abanico. Agarra las dos cosas y sale de la celda. En el pasillo ve a los demás jugando voleibol. Camina y saluda con un espaldarazo al delegado del pabellón.

Elsa deja las bolsas de mandado en el mostrador. La celadora revisa el contenido. Las vacía una por una. Las zanahorias y el kilo de fríjol hicieron el uno-dos para aplastar el pay de queso. El traste de plástico escurre la grase del guisado. Suelta un olor cuando lo revuelve. Las moscas se juntan en las manchas de soda que hay en el piso. Toda la mercancía es sacada del lugar donde venía para ser supervisada y queda desparramada en lo ancho del mostrador. La celadora intercambia unas palabras con Elsa. Llevan tres años viéndose las caras.

Humberto está en la jardinera, caminó apurado y no quiso entretenerse con la raza. Ahora está con los demás esperando a que lo llamen. Abajo, junto a sus pies, las aspas del abanico se mueven con el viento. En sus manos tiene un barco de madera recién pintado al que le da los últimos retoques.

Elsa se desviste. Esto aún no deja de apenarla. Guarda silencio y agacha la cabeza. Acomoda su falda en una mesa. Enrojece. El guante de este mismo color recorre sus lugares. Está tibia. Una piel oscura esconde sus motivos. El tiempo se le hace eterno.

Humberto escucha su nombre. Trastabillando agarra sus cosas, se echa la cuilta al hombro y toma con cada una de sus manos. Le piden su ubicación de celda: 1-27. Con los demás hacen lo mismo. El lugar se llena de sombreros, botas, olor a Palmolive y Stefano. Un vigilante los conduce hacia donde están esperando. En la reja se arremolinan las respectivas sugerencias del resto de los internos para el momento en que estén ahí con ellas.

Elsa ya está en el cuarto, pinta sus labios y alborota sin detalle su cabello. Endereza su falda y se quita los zapatos. Entumecida, estira y afloja los dedos de sus pies; mientras los soba, recorre con su vista el cuarto. La cama, siempre dura, la mesa, el lavamanos y el reducido cuarto de baño no le quitan mucho tiempo al hacerlo.

Humberto llega con Elsa, deja sus cosas donde puede y la abraza. Se sientan en la cama, se besan. Ella se levanta, le trae una de las bolsas de mandado y le enseña los restos de lo que era un pay de queso. Sueltan la carcajada. Él toma un pedazo y le pregunta quién lo hizo. La responsable era su tía Carmelita. Luego sacan el resto del mandado y deciden comer.

Elsa le cuenta a Humberto que Darío –uno de sus hijos- ya empezó a ir a la escuela. Dice su maestra que es cohibido y tímido pero inteligente; eso sí, no le gusta ponerse el uniforme.

Humberto parece que ni la escucha, sus ojos están puestos en la abertura de su blusa. Los senos firmes de Elsa se asoman por el escote como dos conejos que quisieran ser atrapados. Humberto lo hace. Los toma en sus manos y se quejan, piden, huyen y éste va por ellos. Atraviesa toda la geografía de su cuerpo. Se atrapan. La selva es llana y ahí se quedan, la recorren. Van juntos, viajan solos hacia donde no está la cama siempre dura, el lavamanos, la mesa, los tres años atrás, el pay de queso, la celadora, la lámina retorcida y vieja.

Humberto y Elsa rompen paredes y barrotes, corren de prisa. Lo hacen cada vez más rápido, tiemblan hasta que juntos de desvanecen, fatigados, en espera de que la lluvia los despierte.

domingo, 10 de febrero de 2008

CHULA FRONTERA

La sui géneris política criminal que puso en práctica el Ayuntamiento de Nogales Sonora que encabeza el alcalde Marco Antonio Martínez Dabdoub en contra de las personas que llegan a laborar a ese municipio profana el principio de legalidad.

No obstante esta vulgaridad jurídica, el munícipe elude su obligación constitución y como salvador de los buenos, pretexta un temor a que esta ciudad fronteriza se convierta en refugio de delincuentes y honrando tan extemporáneo preocupación, es él y quien lo siga en esta medida los que se convierten en presuntos responsables de una conducta que puede actualizar una responsabilidad penal o administrativa.

Casi al borde de la taquicardia, confiesa el registro o el fichaje que desde diciembre vienen haciendo a los trabajadores de algunas empresas para prevenir el crimen y justifica su panacea anteponiendo razones que en el fondo no únicamente suenan rudimentarias e inútiles sino además resultan discriminatorias.

“Sucede que quien comete un delito en el Estado de México o en Guerrero siente que al irse a Nogales se fue a la región extranjera, entonces mantenemos la prevención a nivel de registro de personas que van llegando a la ciudad.”

El ejemplo que pone este señor, llamémoslo el Rudolph Giuliani (a la mexicana) evidencia, en el fondo, su ignorancia, su selecto afán justiciero y desde luego su germánica visión racista y discriminatoria, según él, para atacar al crimen.

Primero da por un hecho que los potencialmente delincuentes no vienen de ninguna otra parte más que del sur del país. Segundo: que estos-y bajita la mano recurre a un mal chiste- creen estar en suelo norteamericano cuando apenas si están arribando a la frontera vía Nogales Sonora, y, tercero, anteponiendo esta acusación sin fundamento, hace mutis con respecto a dos delitos que, muchas de la veces muy juntitos, resultan ser mas preocupantes: el tráfico de personas y el narcotráfico.

Pero El Diván por enésima vez puede andar equivocado y por argüir razones constitucionales, ciego él, no ve los grandes beneficios que este censo de personas- dos mil hasta ahorita- trae consigo. Es el propio Martínez Dabdoub, en el papel de Mario Moreno “Cantinflas” quien nos las dice: “Las personas que se registren tienen la ventaja de que con eso tienen su identificación y forma de circular libremente por la ciudad sin que nadie los moleste (sic) y el Ayuntamiento de revisar en las bases nacionales sino tienen antecedentes” (recontrasic!!)

El Diván se desorbita, hace un esfuerzo y en su imaginario ve en la diestra de algunos de esos trabajadores ya plaqueados, una credencial recién enmicada que a letra puede decir: “La presente acredita a Fulano de tal como…” Y luego varias categorías de acuerdo a cada empadronado: PROBABLE DELINCUENTE, EXONERADO, CON ANTECEDENTES PENALES, LIBRE DE CULPA, SUREÑO DE BAJA PELIGROSIDAD, BORRACHO PARRANDERO Y JUGADOR, BEBEDOR PERO TRANQUILO y en fin, las que el lector guste imaginarse. Abajo vendría la fecha de vencimiento y la firma del propio Martínez Dabdoub.

Los alcances preventivos de la medida no paran ahí, pues el señor de apellido tan autóctono afirma “que se hace porque un alto porcentaje de robos domiciliarios y asaltos a personas y tiendas (sic)sobre todo los fines de semana, está asociado con personas que viven solas(…)y que por vivir solas se dedican a ingerir bebidas alcohólicas y enervantes y el domingo ya andan sin dinero y con ese anonimato lo mas atractivo es ir a romper un cristal o si en eso encuentran un arma para el siguiente robo la usan para el siguiente robo lo usan lo que es una situación altamente repetitiva.”

Este tesón del alcalde fronterizo- a quien pareciera que esos “viciosos” trabajadores le hubieran convidado un chirrín de lo que consumen antes de hacer estas memorables declaraciones- ha rendido frutos y ya tuvo su primera muestra de apoyo y justificación. ¿Le llegó una misiva de felicitaciones del Sistema Nacional de Seguridad Pública? ¿Fue el kuskusklan el que le envió el cumplido? ¿minute man aplaudió la puesta en práctica de este matriculado de sospechosos y hasta le pide asesoría?.

Ninguna de las opciones es correcta. El espaldarazo vino del Presidente de la Comisión de los Derechos Humanos de Sonora, Jorge Sainz Félix quien señaló que “ese registro no es violatorio de los derechos humanos porque la autoridad de Nogales no condiciona ningún servicio por este censo(…)simplemente es un censo como conocer cuantas personas viven , no encontramos ninguna violación a los derechos humanos.”

Tanto uno como el otro , digamos, no recuerdan que el artículo 1 de la Ley Fundamental del país- el cual ya cuenta con su ley reglamentaria- señala en su última parte que “queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el genero, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”

Tampoco recuerdan-y hay que entenderlos pues sus actividades deben ser infinitas - que el artículo 16 de la misma carta magna advierte que “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad COMPETENTE, que FUNDE y MOTIVE la causa legal del procedimiento.”

Menos vendrá a su cabeza que, según la última parte del artículo 2 de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Sonora “las autoridades sólo pueden obrar ejercitando facultades EXPRESAS DE LA LEY y los particulares pueden hacer todo lo que esta no les prohíba.”

Aquí radica el principio de legalidad contra el cual atenta Martínez Daubdoub y cualquier otra persona que, en su carácter de funcionario público, colabore en esta singular medida que bien puede hacer el uno-dos con las tomadas en Arizona.

Eso sí: que no olviden que el alcalde se sujetó al artículo 157 de la Constitución local y protestó guardar y hacer guardar la constitución de los Estados Unidos Mexicanos, la Constitución del Estado, las leyes que de ellas emanen, y cumplir leal y patrióticamente el cargo de Presidente Municipal que el pueblo le confirió, comprometiéndose a mirar siempre por el bien y prosperidad de la Nación y del Estado.

El artículo que le sigue (les apuesto que es el 158) debiera ser el primer paso para llamar a cuentas a Martínez Daubdoub: “SERÁ MOTIVO DE RESPONSABILIDAD el hecho de que las autoridades, funcionarios o empleados del Estado o de los Municipios, ejecuten en perjuicio de tercero o de la sociedad, ACTOS QUE NO LES ESTÁN MANDATADOS O PERMITIDOS EXPRESAMENTE POR LA LEY.”

El Diván esta seguro, segurísimo- no sin ruborizarse por tanta candidez- que con la misma celeridad y enjundia que se hizo en Cananea el Estado de Derecho en el Municipio de Nogales imperará.

De lo contrario(no vaya a ser el diablo) adviértase, júrolo - así nos lo recrimine en el mas allá el Piporro- no estamos dispuesto a pararnos por buen tiempo en suelos de esa chula frontera.

lunes, 4 de febrero de 2008

Susana Saldaña y su trabajadora desalmada

por Miguel Ángel Avilés

Cuando se dio a conocer la noticia de lo ocurrido a la trabajadora domestica de la diputada Susana Saldaña todo mundo se consternó.
Estos hechos presuntamente delictivos fueron tratados como nota principal en los periódicos y las muestras de apoyo y solidaridad no se hicieron esperar.
En la sesión del congreso de esa mañana unos levantaron la voz sinceramente reclamando el esclarecimiento de los hechos. Para otros-y otras- esta noticia significó, por que no decirlo, un alivio pues quizás ningún tema se tenía preparado para atraer reflectores ese día. Decir algo al respecto, con aspaviento y todo, era suficiente para colarse en una nota.
El propio partido de la diputada Saldaña habló fuerte, se posicionó en tribuna y mantuvo su protesta indefinidamente a través de una pantalla que instalaron en el salón de plenos del Congreso.
Todo esto era normal porque el hecho en si mismo-considerado como cierto-era reprobable. Como pocas veces, la unanimidad imperó y la demanda generalizaba era que cuanto antes la autoridad ministerial tuviera efectivos resultados. Si alguien de los legisladores llegó a poner en duda la veracidad de algo tan delicado, prefirió no decir nada para no desentonar pues era tanto como contar charras a los pies de un moribundo.
Por el contrario, tal como pasa en muchos otros casos, sin que se conociera a fondo los datos que hasta ese momento arrojaba la averiguación, todos daban como cierto el hecho denunciado.
Pero en este escenario, donde el alboroto giraba en torno a un delito o varios, la víctima real, o sea la empleada doméstica-que no se veía por ningún lado- era desplazada de facto por su patrona y ante los ojos de la vida pública era esta última la que acumulaba muestras de apoyo de sus pares, indignaciones a su favor, y exigencias tronantes de sus correligionarios.
Sí teatralizamos hacia lo absurdo digamos que, caído el telón luego de tan estupendo montaje Maria del Socorro Sosa Álvarez receptora de los supuestos delitos de robo con violencia y violación, de golpe y porrazo era metida en el closett porque estorbaba y en su lugar, una vez puestos los reflectores, se sembraba a la diputada Saldaña como si esta hubiera sido la vejada para que en los hechos recibiera, ya como víctima ligh, toda la cosecha de lo que había sembrado su trabajadora.
Con sutileza pues, alguien estaba recibiendo las condolencias y se dejaba apapachar porque el rédito político no estaba para despreciarse.
Pero, enajenado que quedamos con los éxitos de los buenos publicistas, para entonces uno ya se preguntaba ¿…y la trabajadora, apá??
Los que hemos visto el desempeño público de la diputada Saldaña Cabazos ni por asomo llegaríamos a especular que todo esto que ahora se vino abajo fue producto de un maniqueísmo donde ella pudo ser partícipe.
Y es que sus opiniones enérgicas, su indignación ante los temas deshonrosos, su ceja levantada, su seriedad de Juana Gallo, sus punzantes cuestionamientos a todo aquel funcionario que comparece oficialmente en el recinto, su circunspecto rostro por los pasillos del Congreso son señas particulares de alguien a quien por lo pronto difícilmente se le puede imputar ni tan siquiera una sospecha de planear una historia apócrifa de esta naturaleza.
Empero, mientras acá en el actuar de la política el hecho denunciado ya se había convertido en una verdad irrefutable, allá, cubierta bajo el manto de lo secreto tal como la ley se lo pide, la averiguación previa integrada a pie justillas trajo malas nuevas y anuncia que la ofendida real había inventado todo lo que dio pie a esta historia.
De la noche a la mañana entonces todo cambió. Ahora sí Socorro Sosa Álvarez era puesta por delante, casi como castigo divino, y se arrojaba a la hoguera de las críticas de todo tipo, nomás-por poquito y dicen- pa que se le quite, por venir a estropear esto que se estaba poniendo tan bonito.
Los que se compadecieron de ella-y a la par brindaron, sin hondar primero en la veracidad de los hechos- todo su apoyo a la diputada- ahora apelaban a la escaramuza del sonrojo y hacían lo posible por salir airosos de esta penita que ya se tornaba generalizada por los rumbos del poder legislativo.
No fueron pocos los que quisieron huir de este atolladero hacia donde los había llevado sus desboque de declaraciones y pronunciaron otras tantas para tratar de apagar este desliz. La diputada plurinominal Petra Santos, por ejemplo, quien había tomado casi como agravio propio lo hechos investigados dijo: " me decepcionada el actuar de esta mujer". Su decir, sin embargo, fue retomado tan impersonal y escuetamente en una nota de conocido medio que no se pudo saber a ciencia cierta si la señora se refería a la trabajadora domestica, a su colega Susana Saldaña o, ya de plano, era nomás un simple ejercicio de autocrítica.
Este cuento parece que hubiera dado fin una vez que se informó-sin dar detalles si fue espontánea y libremente- que Sosa Álvarez declaró que todo fue inventado. Desde entonces el comentar del tema bajó de intensidad. El escribir sobre ello ahora pareciera, incluso, ser anacrónico.
Pero a fuerzas de ser rigurosos, creemos que aun, en lo legal y en lo mediático, quedan muchos círculos por cerrarse.
En el terreno laboral habría que saber si en caso de que la relación de trabajo entre Susana Saldaña y Sosa Álvarez se dio por terminada, como es que concluyó esta. Es decir, si se originó por la renuncia de la trabajadora, por acuerdo de voluntades entre las partes o por decisión unilateral de la diputada. Si pasó esto último, la diputada seguramente cumplió con el procedimiento que para ello la ley exige o de lo contrario, estaríamos ante un posible despido injustificado.
En el terreno penal, siendo estrictos, la cosa no acaba por el sólo hecho de que la denunciante haya dicho que los hechos denunciados son falsos. En su momento habrá de haber una resolución y allí, con los resultados que arroje la averiguación, puede que a nadie se consigne pero, porque no, puede que también se inviertan los papeles y de acusadora se pase a acusada si es que por su proceder se actualizó algún delito, o si hubo o no hubo en esta singular historia una perversa y trepidante coautoría…